La integridad: valor moral del policía

Por Miguel Ángel Pinto.

La cualidad de mayor valor moral en el hombre, en general, y en el policía, en particular, es la integridad.

Ser íntegro significa tener una solvencia moral a toda prueba. Que nadie le reste un ápice de su personalidad, de ese substractum que anima su individualidad. Ser íntegro quiere decir ser honrado, honrado para con los demás, honrado para consigo mismo. La honradez es, pues, una virtud moral. No solamente de la moral que linda con lo abstracto, sino de aquella que norma las relaciones visibles de los hombres, fácilmente aprehendidas por nuestros sentidos.

Un precepto constitucional dice que todo servicio será remunerado. Nosotros prestamos uno, es decir, ejercitamos una actividad profesional de carácter público, por la cual el Estado paga una determinada cantidad de dinero que llamamos: sueldo. Este estipendio obtenido bajo el amparo legal y como una medida de retribución constituye nuestro único haber por ese servicio. Cualquier otra dádiva, desde el ‘voluntario regalo’ hasta la mísera obtención ilícita de una cantidad de dinero, por pequeña que sea, no es sino un lucro indebido, que no solamente resta nuestra personalidad, empequeñeciéndonos ante la consideración de los demás, sino que hace que echemos por tierra la ética profesional y nos convierta en presuntos transgresores de la ley penal.

Si el lucro ilícito a costa de nuestros servicios profesionales es una especie de ‘capite diminutio’ de nuestra personalidad; el cumplimiento de esos mismos servicios, sin la lealtad ni la escrupulosidad debidas, constituye también una lesión, un atentado contra lo recto, lo vertical que debe ser el proceder del hombre, sobre todo del que ejecuta una misión sagrada como es la de hacer cumplir y respetar las leyes.

Por esto, servir con lealtad y con escrupulosidad es una de las mayores satisfacciones que siente el hombre honrado.

 
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